Para que yo respire
fue preciso un largo grito,
surgido del vientre de la noche
y del vivo paisaje de dos pieles
acopladas, socavándose
aferradas a un instante
De su estertor agónico y gigante
no soy mas que un residuo,
un nocturno corazón desalentado
que trata en vano de olvidar
la turbia ceniza cotidiana
y la sorpresa de estar vivo
Y eso no es todo. Un trazo
de efímera luz entre los huesos
de un universo confuso e irritado,
trazando caminos,
pregonando insanias,
sobre los escombros humeantes de una raza.
Barcelona
4/2/1983
