La libreta gris. Cuarta parte. (continuación)

Mi padre y yo

Estas líneas venían a continuación de las que había dedicado a su madre. Al contrario de aquellas, estas permanecieron desconocidas para mi hasta que la viuda de Emilio me trajo sus papeles.
No tenían ni demasiadas tachaduras ni rectificaciones. Parece que las escribió de corrido. Y son muchas paginas. Os las comparto en varios fragmentos 

 

¿No ves que si hemos perdido
hemos ganado historias que contar?

“Noches reversibles”
Love of Lesbian

 

Desde el porche de la casa, mas allá de las rocas, escudriño el horizonte. El sol no acaba de clarear. Ha sido una noche larga. Al principio, el alcohol me ha aflojado las costuras. Luego el insomnio ha vuelto a tiranizarme por enésima vez. En la mesa, hojas sueltas. No logro escribir ni una palabra mas. Tengo un libro imaginario instalado en mi cabeza y ojeo en sus páginas, desmañadamente, recuerdo tras recuerdo. Esa sarna pegajosa y turbia que es la melancolía me ha hecho compañía. Y la tristeza de la noche, una noche triste como pocas, vaga por la estancia. Ni siquiera la proximidad del mar mitiga esas sensaciones. Una lluvia emocional ha ido empapando lentamente todos los rincones de mi cerebro, esa lluvia casi inapreciable pero pertinaz que te cala sin que te des cuenta. Y que te llega hasta el tuétano de los huesos. Hasta el ultimo recodo del alma. La sombra del recuerdo de mi padre ha venido a verme y ha velado conmigo.

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Aunque cualquiera de las personas de mi circulo mas cercano puedan extrañarse al leerlo, aunque algunas de las personas que conocen retazos de la historia pueda opinar lo contrario, quería a mi padre. Y lo quería mucho, mucho. Y puse todo mi empeño en quererlo.

Ahora que hace años que yace en una tumba anónima, la condena de mis hermanos en un ejercicio de rencor que todavía hoy me anega en llanto, no puedo evitar que aquella mirada y aquella sonrisa coronada de un bigotillo que ahora sería ridículo, se me aparezcan de vez en cuando, en circunstancias que no soy capaz de controlar.

Y es en esos momentos, cuando, algunas veces, se despierta en mi un incomprensible afán de redimirlo.

Pienso en como era y busco una explicación. Necesito entender lo que pasó. Y tomo conciencia de lo mucho que no sé de él, de lo que nunca supe de él…. de lo que me hubiera gustado saber de él y no sé, y ya no sabré, y lo mezclo con lo poco que sí logré saber, para intentar recomponer su rompecabezas vital, la evocación anhelada de lo que a lo mejor fue, y encontrar en ello, en él, una mínima justificación que me permita afirmar: mi padre no era tan mala persona, era solo una víctima mas de su tiempo, de ese ejercicio duro y difícil que es vivir, de lo que le trajo su entorno.

¿Hasta que punto todo aquello pudo mas que él? O, quizás instalado en un victimismo cómodo, cobarde, se dejó llevar por la ley del mínimo esfuerzo y no fue capaz de sobreponerse a nada. ¿Cuáles eran sus cualidades innatas y hasta que punto hizo uso de ellas? ¿Luchó para sobreponerse a las adversidades del destino? Nunca lo sabré. Puedo opinar sobre el resultado final. Lo que mi padre era en sus últimos años. Pero poco más ¿Lo vivido no le permitió madurar como ser humano? ¿Fue eso lo que acabó destruyéndolo, porque nunca dejó de ser, ante todo, un egoísta?. ¿Y fue por eso, por que ir así por la vida tiene sus riesgos, por lo que se vio abocado a una especie de destierro emocional?.

Llegó un momento en el que estaba allí, pero a su mujer y a sus hijos les daba igual. Necesitaban defenderse de él. Pocas cosas mas tristes para escribir un triste final.

Otros días, olvido el mas leve atisbo de piedad, y una rabia sorda y negra se apodera de mi. Es entonces cuando todos los males del infierno me parecen poco para él. ¡Cómo mediatizó nuestras vidas con su estrepitosa ausencia, como destruyó a mi madre, como se jactaba de sus menguados triunfos, cuando, en realidad, iba de fracaso en fracaso, de ser poco menos que un ejemplo, un prototipo de hombre varonil, cuando no era mas que machista de manual!. La cólera me invade.

Porque, además, lo peor de mi padre no fue todo eso, con ser de lo mas reprochable a un padre. Lo peor fue que, como era un mentiroso compulsivo, nos enseñó a mentir. Y esa maldita costumbre ha contribuido a formar la personalidad de muchos de los miembros de la familia y ha acabado por destruirla. Sin remedio. Una maldición.

Me detengo. Necesito una pausa. Respiro hondo. intento desprenderme de la cólera. Vuelvo a inhalar y dejo que la brisa marina me tranquilice. Intento equilibrar la balanza. Pugno por serenarme. Mi pulso recupera su ritmo habitual. Mi padre, ¡será cabrón !, me sonríe. y, una vez mas, se va. ¡Mas de lo mismo!.

Pero, aunque os cueste creerlo, yo lo quería mucho, mucho. Quería quererlo. Y estuve toda su vida necesitándolo.

Menorca, una noche de Agosto de 2011

(Continuará)