{"id":588,"date":"2019-11-19T18:18:44","date_gmt":"2019-11-19T18:18:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.enriquemoreno.com\/?p=588"},"modified":"2019-11-19T18:18:44","modified_gmt":"2019-11-19T18:18:44","slug":"anguren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/2019\/11\/19\/anguren\/","title":{"rendered":"Anguren"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">No recuerdo ni su nombre ni su segundo apellido. Estaba en clase la primera vez que asist\u00ed al colegio, empezado el curso, cuando mi madre y mi madrina decidieron que ya hab\u00eda estado protegido demasiado tiempo. No supe jam\u00e1s el porque de aquella decisi\u00f3n, pues no soy consciente de haber sido, de peque\u00f1o, ni d\u00e9bil ni enfermizo. Mas bien lo contrario. Pero mientras los dem\u00e1s iban al colegio, yo hac\u00eda vida en casa, tutelado por dos matronas sin igual, que, eso si, me ense\u00f1aron a leer y a escribir, de manera que el d\u00eda que cumpl\u00eda 6 a\u00f1os, con el curso ya iniciado, accedieron a desprenderse de mi y me depositaron en la que, hasta los 13 a\u00f1os, ser\u00eda mi clase y con los que ser\u00edan mis compa\u00f1eros. Con Don Enrique. Casualidades de la vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Era Anguren para todo el mundo. Cabello negro retinto, frente amplia, surcada por la huella apenas esbozada de unas arrugas impropias de su edad, ce\u00f1udo, ojos color antracita, entre inseguros y recelosos, nariz romana y labios de arco redondeado. Llamaba la atenci\u00f3n lo atezado de su piel. Y su habitual desali\u00f1o. Probablemente como s\u00edntoma de penuria, algo habitual en nuestra clase. Nuestras madres la gestionaban como Dios les daba a entender.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">No recuerdo exactamente cuando se descolg\u00f3 del grupo, aunque hubiera jurado que no estaba con nosotros despu\u00e9s del segundo a\u00f1o. O quiz\u00e1s si. No podr\u00eda jurarlo. Y probablemente por eso, no recordaba casi nada de \u00e9l. Durante a\u00f1os. Pod\u00edamos recitar la lista de clase, de memoria, y \u00e9l ya no estaba presente en nuestro sonsonete. Lo cierto es que fue como si se hubiera evaporado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Hace algunos a\u00f1os a uno de mis hijos le diagnosticaron dislexia en un conocido hospital de la ciudad. Dudaron entre bilateralidad o dislexia, confundidos por la percepci\u00f3n de la psic\u00f3loga del colegio, hasta que una doctora eminente, en menos de quince minutos, sentenci\u00f3. \u201cEs dislexia\u201d. Inapelable. Es lo que tiene ser una autoridad en la materia. Y, claro, te preocupas e intentas informarte. \u00bfQu\u00e9 demonios es?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Poco a poco, te vas empapando de datos que dibujan una especie de mapa con s\u00edntomas y consecuencias. Y descubres que a los que padecen ese trastorno del aprendizaje, la dificultad original de la lectoescritura se convierte en un obst\u00e1culo complejo y que la decodificaci\u00f3n de letras y palabras puede llegar a ser una tortura. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Y, creedme, en ese momento regres\u00f3 Anguren. Desde entonces, retorna de vez en cuando. Le costaba leer. Era ya mi segundo curso en el colegio, y \u00e9l no progresaba, antes, al contrario. Y en aquella \u00e9poca, en aquel barrio, en aquel colegio, en aquella clase, la letra entraba con sangre. Si no le\u00edas bien, te expon\u00edas a que, con un puntero, el profesor de turno, del que no guardo buen recuerdo, todo hay que decirlo, golpeara el racimo que formaban las yemas de tus dedos. Con violencia descarnada y con insistencia, con una precisi\u00f3n punitiva importante. Y cuando no progresabas, el bofet\u00f3n estaba garantizado. O el \u201ccoco\u201d, que era un golpeo seco con los nudillos contra nuestro cr\u00e1neo infantil. Nudillos muchas veces armados con un anillo que simbolizaba su \u00abmatrimonio con la virgen Maria\u00bb. Encantador. El coco se aplicaba como de refil\u00f3n, adem\u00e1s, que hac\u00eda mas da\u00f1o. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Y en el caso de Anguren, era un continuo. Lleg\u00f3 a desarrollar un tic de autoprotecci\u00f3n que se disparaba con la sola presencia a su lado del s\u00e1dico maestro. Viv\u00eda sumido en un miedo pertinaz. Indefenso, no pod\u00eda evitar que le llovieran los castigos. Indefenso. Porque aquel chaval, ahora estoy seguro, ten\u00eda un trastorno que, por supuesto, entonces ni se valoraba ni se llegaba a diagnosticar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">No s\u00e9 que ha sido de \u00e9l. No s\u00e9 como lo gestion\u00f3 despu\u00e9s y como, si pudo, super\u00f3 aquel problema. Me gustar\u00eda creer que la vida le dio en otros \u00e1mbitos lo que entonces le negaba. Pero donde est\u00e9, no me importar\u00eda que supiera, simplemente, que, aunque no recuerdo ni su nombre ni su segundo apellido, muchas veces pienso en \u00e9l. Por lo vivido. Por la furia que todav\u00eda hoy me despiertan sus miedos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No recuerdo ni su nombre ni su segundo apellido. Estaba en clase la primera vez que asist\u00ed al colegio, empezado el curso, cuando mi madre y mi madrina decidieron que ya hab\u00eda estado protegido demasiado tiempo. No supe jam\u00e1s el porque de aquella decisi\u00f3n, pues no soy consciente de haber sido, de peque\u00f1o, ni d\u00e9bil &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/2019\/11\/19\/anguren\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAnguren\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-588","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-las-vinetas-del-perezoso"],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/588","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=588"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/588\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":591,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/588\/revisions\/591"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.enriquemoreno.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}