Frente a vosotros (Poema XI)

Desnudad mi cama y haced
con ella un fuego donde puedan
calentarse los que tengan frío.
Dormid sobre mi almohada,
reventad mis cajones, airead
mis secretos y abridle
mis ventanas al vacío.
Despojadme de todo.
Quede la casa en silencio
perfumada tan solo de vosotros.
Llevaos sus cerrojos, sus cristales,
el yeso que encala sus pareces,
sus cimientos, sus ladrillos.
Socavad el solar y sembradlo
con la sal de mis delirios.
No queda ya ni miedo….
tan solo una sonrisa.

No preciso ojos si alguien no ve,
no requiero lengua si estáis mudos,
injertaos mis músculos cansados
si es preciso,
tomad mi calor si teneis frio.
¡Que nada quede…!
Ni aún lo escrito.
No necesito… no requiero nada
Tan solo el corazón
que nunca es mío.

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema VIII)

¿Por qué has de huir?

No en vano en cada esquina
vas a encontrar viejos asuntos.
Haz oscilar la piedra de Sísifo
para invitarla de nuevo
a regresar a su principio.

¿Por qué tienes que huir?

Nada se logra sin valor
aunque no todo lo factible
sea necesario. La roca
nunca debe ascender acelerada.

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XIII) – Fragmento

 

 

El poema muerto por los celos

Dos mujeres a la vez, y no estar loco… aunque en el caso de Emilio la explicación del bolero no acaba de encajar totalmente con la historia.

No era una cuestión de amores sagrados o prohibidos, aunque el tabú social estuviera allí, por supuesto. Era otro su sentir. Es cierto que una ya era la madre de sus hijos y la otra no. Pero, siendo importante, eso no era decisivo. Estaban en su vida las dos. Y la pasión que sentía por las dos, por cada una de ellas, era un narcótico mas poderoso que la propia vida, que se había apoderado de su centro, que vivía en sus entrañas, que cabalgaba su sangre hasta dejarle extenuado para hacerle revivir al instante siguiente con renovada pujanza. Estuviera con la que estuviera, quería también estar con la otra. Y la sed que provocaban cada una de ellas, no la saciaba ninguna de ellas. Eran dos mujeres a la vez…. y no estaba loco, solo era cautivo en la ardorosa cárcel que despertaban, (no era el único al que conseguían someter, pero eso es otra historia), en permanente estado de exaltación y rendido, porque no escribirlo, a su sexualidad, que alimentaba la suya con un vigor inusual. O esa decía él. 

Oír a Emilio aquel día, cuando descosió sus labios, sellados por su caballerosidad innata, y bajó la guardia, mecido por el alcohol y la música…,  y al declinar del día, y para mi sorpresa, se tornó mas locuaz de lo habitual, …… mientras se dejaba acunar por el rumor de las confidencias, ………fue singular. Pocas veces me ha sido dado oír a un hombre hablar con tanto respeto y tanta pasión sobre su relación no con una, sino con dos mujeres. Musitaba lo que, en otras circunstancias, hubiera parecido una plegaria. Lo que, probablemente, para él era una oración, pagana, procaz .. pero oración, al fin y al cabo. Infieles las dos por naturaleza, leales solo a ratos, tal y como se desprendía de su historia, las adjetivaba con devoción. Una pantera lúbrica, decía. Incapaz de sujetar su naturaleza en ningún caso. ¿Para qué? Capaz de devorar, y me estás entendiendo perfectamente, todo lo que cayera a su alcance. Sexo y solo sexo. Un misterio, añadía. Una belleza morena que escondía tesoros sin descubrir, terrenos por explorar, bajo un aire lánguido de chica moderna. Que invitaba, sin palabras, a sobrepasar todos los limites. Que hacía de su aparente indiferencia un polo magnético para todo lo prohibido. Y no sabías de cual de ellas hablaba. O si lo hacía de las dos y mezclaba recuerdos como el que agita hielo en un vaso de whisky, antes de apurar los sorbos.

Había leído por entonces, recién publicado, el libro de Antonio Colinas, “Sepulcro en Tarquinia” e impresionado por el poema central, se lanzó a la aventura de escribir algo similar. Cabe decir que, para entonces, por una u otra razón, ambas mujeres habían puesto cierta distancia con Emilio. Permanecían en su vida, pero no estaban con él. Bebían otros labios, frecuentaban otras camas, fieles a su naturaleza infiel, y mi amigo asistía, mentiría si dijera que impasible, como espectador privilegiado, a lo que todavía eran. Situacion que ellas abonaban con particular saña, pues a pesar de todo, ninguna renunciaba plenamente a él, y, para sorpresa de todos, tenían celos la una de la otra como solo algunas hembras son capaces de tener. Algo que le producía, por igual, dolor y anhelo. El atractivo glorioso de lo perdido, la esperanza de un imposible.

Remató su poema. Autocrítico por hábito, por una vez pensó que había escrito algo que podía darse a leer. Un poema digno, de ritmo pausado pero armónico, lleno de emoción, con un tono melancólico que casaba perfectamente con su propósito y con su estado de ánimo, algo doliente pero esperanzado.

Nunca nadie lo pudo leer, salvo una de ellas. Debilidad, probablemente. Solo una de ellas supo donde se guardaba el único original que Emilio tenía. Y solo ella pudo descifrar que, a lo mejor, solo a lo mejor, era la otra la real destinataria del poema.

Años mas tarde, cuando las cicatrices eran solo un tenue recuerdo, Emilio volvió sobre el poema. Para descubrir que no estaba donde debía estar. Que alguien lo había hecho desaparecer. Solo una de ellas pudo hacerlo.

Como por casualidad, he encontrado entre los papeles de Emilio un manuscrito que, sin duda, perteneció al poema. Un fragmento …. salvado de los celos.

 

……………..

Está en el dulce aroma de la tarde
tu presencia.
Tu reclinada silueta
se dibuja entre los troncos de los pinos.
Hay un rumor de gaviotas en tus manos,
un escalofrío como de arpas en tus dientes,
un bramido de mar que vaga entre tus sombras.
El algodón tembloroso de la túnica
que baña tu cintura,
que rodea tus hombros, se agita.
Prisionero del viento,
se ciñe a tu contorno.
Has llegado.
El gesto altivo,
mordiéndome en los labios,
atezada la piel,
escasa la cintura,
negros los ojos,
amor mío… toda la vida
pendiente de tus deseos,
todos lo sueños
llorando en tus pestañas.
…….

De «Frente a Vosotros».    

                                                                 Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XXVI)

Amo estos días,
la aventura infinita que cobijan,
el cuchillo gris del desencanto
y la esperanza que aliento y atesoran.

Gozo las señas de identidad
que aun persigo,
las leves referencias geográficas
que mi cuerpo vincula con su origen;
bebo los cálidos alientos
de la tierra que quiero,
intuyo el sabor del mar entre mis labios
y el espejo de las nubes imposibles.

Buceo en las horas con pasión,
encadenándome a su curso,
expectante y temeroso;
recorto la espera,
galopando sobre el tiempo sin montura
ni resuello.

Devoro las uvas del futuro,
las eternas cerezas de la risa,
las agridulces ciruelas de mi llanto,
las naranjas doradas de los sueños,
elegidas con precisa indecisión.

Adivino la soledad, las pieles fugitivas,
los ojos lejanos,
los adioses;
siento una y mil veces la ternura,
voluntariamente ajeno
a su posterior dolor inevitable.

Vivo, ¡al fin!,
estos días prestados
con la avidez y anhelos necesarios.

 

De «Frente a Vosotros».    

                                                                 Inédito        

Frente a vosotros (Poema X)

No recuerdo haber vivido ninguna de las crisis que, al parecer, sufren las personas cuando su edad se cifra acabada en cero. Hasta los 60, claro. Eso es otra tema. Pero si recuerdo que, a los treinta, con toda mi vida patas arriba, recuperé la necesidad de escribir. Trabajando como un poseso para sacar mi familia adelante, había dejado de hacerlo. Y, ¿a la búsqueda del tiempo perdido?, lo hice a todas horas. En cualquier lugar y con cualquier medio. A destajo. Sobre todo, poesía. Y en 1983, con la inestimable ayuda de un amigo luego desaparecido, de esos que, aunque pasen los años, recuerdas con afecto, auto publiqué un libro de poesía, “Cuaderno Bretón”, (del que hay un poema en el blog y del que, a lo mejor, añado alguno mas), que la extinta Librería Francesa me permitió, en un alarde de generosidad, depositar en su mesa de libros de poesía. Una mesa fascinante, debo añadir. ¡Al lado de poetas consagrados! Se vendieron por los menos tres ejemplares. La librería envió la liquidación, pero nunca fui a buscar el dinero. Me dio vergüenza. De verdad.

 Sin embargo, el libro, que si vieron amigos y algún conocido, atrajo la curiosidad de alguien de mi entorno que conocía a otro alguien que tenía un amigo que conocía al director de una editorial. Una buena editorial, debo añadir. Fijaos si era buena que consiguieron publicar el primer libro de relatos de Enrique Vila-Matas, quien, por cierto, no tardaría en consagrarse. Aun lo tienen en su catálogo. Y yo en mi biblioteca.

Y, para mi sorpresa y gozo, decidieron que podían publicar un libro con mis poemas. Todavía me pellizco al recordarlo. A todo esto, estábamos ya en 1985. Primavera, creo recordar. Así que acabé de pasar a limpio los que me parecieron mejores, traté de darles un orden coherente, depuré las temáticas, pensé un titulo, encargué un par de diseños para la portada, comí un día con mi contacto y con alguien que me dijeron que era el director, hablamos de cómo se iba a financiar la edición y ……. allí acabó todo. La editorial tuvo un problema en México, su economía se resintió, cancelaron proyectos y mi libro se quedó en un cajón. Con sus portadas y todo. Y eso que estaba dispuesto a financiar una parte de la edición. Por amor a la poesía. Y por un poco de vanidad, todo hay que decirlo.

 Cuando decidí iniciar el blog me resultó irrenunciable no incluir un apartado dedicado a la poesía. “Accidentes íntimos”. Una expresión preciosa que le había leído a Dirk Bogarde en una entrevista, creo que en “El País”, cuando aún era un diario legible, y que había reservado como el que guarda una botella valiosa. Para descorcharla en un día señalado. Resultó que Justo Navarro, un excelente novelista, que no sé yo si había leído a Bogarde, la aprovechó para titular una novela que tengo en la estantería pero que no he leído, aunque sé que es buena, por la rabia que me dio lo del titulo. El descorchó la botella antes que yo. Así que, llegado el momento, no renuncié a plagiar a Bogarde. Lo hiciera o no Justo, no iba a prescindir de esas dos palabras, que había hecho mías tiempo atrás. Y en ese apartado he ido publicando poemas. Alguno, si os fijáis, de un libro inédito, “Frente a vosotros”, que es el proyecto fallido del que os estoy hablando. Y que ahora categorizo en el blog, para que tenga vida propia.

  No queda ahí la historia. En ese libro hay un poema que escribí movido por la impresión que despertó en mi una foto en una exposición de Man Ray. Era junio de 1982. Apenas seis años después de la muerte del genio. En el Palau de la Virreina. El retrato de una mujer de ojos claros. En blanco y negro. Cuando repasaba los poemas del libro, decidiendo si debía publicarlos, topé con él. El poema X,  ….. porque ninguno tiene titulo. Solo un ordinal en números romanos.

 E intenté evocar el retrato. Lentamente, muy lentamente fueron retornando a mi memoria los contornos de aquella foto, de aquel rostro femenino. Pero mas de treinta años lo difuminan casi todo y no estaba seguro. Los rasgos del retrato iban y venían, jugueteaban con mis recuerdos, se escabullían ….. para acabar esfumándose ante mi desespero. No lograba completar su semblante.

 Entonces no hubiera sido posible, pero ahora, gracias a la magia de los buscadores de internet, cabía la posibilidad. ¿Estaría en alguna galería de imágenes la foto? No hubo suerte. Tuve que desistir. Exhaustiva obra de Man Ray en numerosos sitios, por supuesto muchas fotos de mujeres, pero ni rastro de ella. Una casualidad pareció venir en mi ayuda. Una de las búsquedas me llevó a la web de una librería de viejo y allí encontré un ejemplar, en muy buen estado, del catalogo de la exposición. Y, claro, la incógnita. ¿Era un catálogo exhaustivo? ¿Estaría allí la foto? Solo una manera de saberlo. Tuve que disimular mis ansias cuando llegó el envío. A mi edad, la contención es imprescindible. Pero…. la foto no estaba en el catálogo. Mirado y remirado. Ratos enteros delante de alguna de ellas. Pero no. No regresaba aquella emoción. No era ninguna de ellas. No estaba allí. Intento fallido. 

Pero ….. había oído a una buena amiga hablar de exposiciones en la Virreina. Alguien vinculado profesionalmente durante muchos años a actividades culturales municipales. Y me atreví a preguntar. ¿Por casualidad sabes si hay fotos de aquella exposición? No dudó. Y eso que lo primero que tuvo que hacer fue hablar con su ex, al que por un montón de razones y con toda justicia, detesta. El ex estuvo correcto. Tampoco vamos a excedernos a estas alturas. Pero nos dio la pista. Y allí que fuimos. Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Donde mi amiga tenía otra amiga. Quien, gentilmente, ya nos esperaba con diapositivas y fotos de la exposición. Lupa de aumento en ristre, pude ver todo el material disponible. La mayor parte, panorámicas amplias de la exposición, abarcando, a su vez, bastantes retratos. Dudé. En dos de ellas, en un extremo, al lado de varias otras, una foto parecía sintonizar, por fin, con mi recuerdo. Quizás era ella. Pero no quise precipitarme. Y pedí copias de varias fotos. Después de haber llegado hasta allí, tampoco iba a estar de mas tener alguna foto de la exposición para archivar junto al catálogo. Y, de paso, podía volver a verlas tranquilamente en casa. 

Y aquí está. En mi pantalla. Ampliada todo lo posible, dada la calidad del negativo original y la traslación de la que dispongo. Pero …. es ella. La mujer de mi poema. ¡Por fin ¡  

Igual tras todo esto, el poema se queda en nada. Pero a mi ella todavía me inquieta.

 Por  cierto. Gracias, Laura.

 

 

 

X

Si fueran míos tus ojos
que adivino verdes
que intuyo astutamente lisonjeros….

Si su brillo alumbrara
los rincones oscuros de mi alma
los callejones confusos de mi mente….

¡Si dejaras de ser
por azar
un retrato anónimo!

¡Si cobraras vida!

 

                                        De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

Frente a vosotros (Poema XXII)

Tú me arrancaste la locura.

Te daba igual jergón que viña.

Tu desbrozabas mi cuerpo
con la azada de tus manos,
regabas mis ojos con tu llanto
y me sembrabas la piel
con el bramido ansioso de tu vientre.

Te daba igual noche que día.

Gemías tu y yo era cuerdo.

                 

                                                   

                                            De «Frente a Vosotros».    

                                                                 Inédito         

Frente a vosotros (Poema IV)

Me propones el sur
pagano e indolente
y un claro escalofrío
inquietante y sensual
galopa por mi piel.

Clavas tus ojos negros
en el fondo de los míos.
Hablas de Alejandría,
de Cartago, de las dunas,
del agua azul y … me fascinas.

Me invitas a beber
néctar de tibios labios,
leche de camella
o el hermoso fervor
de arrebatados cuerpos.

Dibujas tamarindos
y estrellas que tapizan
los brotes de la noche.
Sobre el cálido alemos
del oasis me seduces.

¡Qué importa ayer!
¡Qué podemos temer
ahora del mañana!
Nuestro es el sur.
¿Estaremos llegando al paraíso?

 

De «Frente a Vosotros».

Inédito

Frente a vosotros (Poema I)

Como soldado que vuelve
hasta el lugar
de su final combate,
incrédulo aún por verse vivo,
así regreso.

Y aunque perdí
hasta la sombra
mi cuerpo vislumbra
que el mañana
no está escrito.

Escapo del olvido
mientras
sobre el horizonte
se cierne una tormenta
de sueños imposibles.

Y me descubro
descalzo una vez mas
frente a vosotros.

 

De «Frente a Vosotros».

Inédito