Fente a vosotros (Poema XII)

Horadas la memoria
sus lagunas y relieves,
descubres sobre el tiempo,
encaramado,
un manojo de nervios
y violetas,
alguna humillación
y el resorte oxidado
de la sangre ajena.
Y eliges,
una vez más,
darlo al olvido

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema VII)

Te sueño eterna
y apareces fugitiva.

Te adivino libre
y te descubro esclava

Te presiento firme
y te disuelves.

¿Siempre se marchitan
las violetas?

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XIX)

Cultivo consonantes en un jardín perdido.
La sosegada lluvia
retrata sus finas nervaduras
mientras la luz humedece
el secreto trono
de su leve concepto.

Nadan entre tus muslos
las altivas medusas de los verbos.
El tiempo se agiganta
como el acordeón de un cíclope;
el color del vértigo duerme otra vez
en la escalera de mi lengua.

Siembro, como a voleo, las vocales.
Al disiparse la niebla,
descubro la corteza de la aurora
sobre la que escancio el néctar del silencio,
la vocal perfecta.
La tierra se desnuda, una vez mas, inútilmente.

 

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XX)

Tus labios son el origen
del silencio, el soplo germinal
de los oscuros pasadizos del sigilo,
secreto destino de tus verbos.

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Mas si en tu red sutil de nuevo
capturases el agridulce rumor
de aquellos pasos lentos y desnudos
………………………………….. no temas.
Apaga la luz, cierra los ojos,
abre tus vestidos y embriágate
de nuevo hasta que llegue la aurora.

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XXXIV)

 

Sé que moriré en la playa,
un día gris,
envuelto por la lluvia
y las cálidas olas de los momentos tristes.

Moriré sobre la arena, lejanos
los recuerdos, ausentes las gaviotas,
empapado de nostalgia,
mientras nace el otoño entre mis dedos.

Sé que será en la orilla,
taladrando el horizonte,
soñando con lo hermoso que sería,
tras partir, volver junto a vosotros.

Nada tengo que dejaros,
sino un adiós;
nada quisiera llevarme
que es agobio cargar con equipaje.

Sé que moriré desnudo, solo,
borracho de sal y de silencio,
persiguiendo todavía vuestras huellas
confortado por el canto del viento y sus sonrisas.

Lectora/Lector,
si has llegado hasta aquí,
ten presente
que estos poemas se escribieron para escapar del dolor.

 

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XXV)

Nunca cautiva te imagino,
nunca prendida, nunca esclava.
Eres la mar asomada a una ventana,
el viento gimiendo en las laderas
azotando el horizonte;
eres la libertad que no he perdido,
engarzada con sal y dudas vanas.

Nunca te tengo, siempre te sueño
o te imagino.
Eres un latigazo del pasado,
que en ti empieza,
interminable flujo de tristeza
impenetrable muro de alegría;
eres la espina y el ungüento
y el brote tierno de las hojas
temblando por tus lágrimas desnudas.

Nunca te espero, nunca vienes,
nunca es tu nombre y tu adjetivo,
femenino consorte de mis horas
pues de nunca te hicieron los instantes
y de nunca morirás
si es que tú mueres,
engalanada de lirios y diamantes.

Tu nunca existes,
pues es tu voluntad no haber nacido;
más si existieses,
entre copos de espuma y labios entreabiertos,
nunca tendrías ni tiempo ni medida.
Nunca podré contar contigo
pues ni quieres ni logro conocerte
y destierro la idea de perderte
aunque nunca sabré si soy o eres.

 

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XI)

Desnudad mi cama y haced
con ella un fuego donde puedan
calentarse los que tengan frío.
Dormid sobre mi almohada,
reventad mis cajones, airead
mis secretos y abridle
mis ventanas al vacío.
Despojadme de todo.
Quede la casa en silencio
perfumada tan solo de vosotros.
Llevaos sus cerrojos, sus cristales,
el yeso que encala sus pareces,
sus cimientos, sus ladrillos.
Socavad el solar y sembradlo
con la sal de mis delirios.
No queda ya ni miedo….
tan solo una sonrisa.

No preciso ojos si alguien no ve,
no requiero lengua si estáis mudos,
injertaos mis músculos cansados
si es preciso,
tomad mi calor si tenéis frio.
¡Que nada quede…!
Ni aún lo escrito.
No necesito… no requiero nada
Tan solo el corazón
que nunca es mío.

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema VIII)

¿Por qué has de huir?

No en vano en cada esquina
vas a encontrar viejos asuntos.
Haz oscilar la piedra de Sísifo
para invitarla de nuevo
a regresar a su principio.

¿Por qué tienes que huir?

Nada se logra sin valor
aunque no todo lo factible
sea necesario. La roca
nunca debe ascender acelerada.

De «Frente a Vosotros».

                                        Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XIII) – Fragmento

 

 

El poema muerto por los celos

Dos mujeres a la vez, y no estar loco… aunque en el caso de Emilio la explicación del bolero no acaba de encajar totalmente con la historia.

No era una cuestión de amores sagrados o prohibidos, aunque el tabú social estuviera allí, por supuesto. Era otro su sentir. Es cierto que una ya era la madre de sus hijos y la otra no. Pero, siendo importante, eso no era decisivo. Estaban en su vida las dos. Y la pasión que sentía por las dos, por cada una de ellas, era un narcótico mas poderoso que la propia vida, que se había apoderado de su centro, que vivía en sus entrañas, que cabalgaba su sangre hasta dejarle extenuado para hacerle revivir al instante siguiente con renovada pujanza. Estuviera con la que estuviera, quería también estar con la otra. Y la sed que provocaban cada una de ellas, no la saciaba ninguna de ellas. Eran dos mujeres a la vez…. y no estaba loco, solo era cautivo en la ardorosa cárcel que despertaban, (no era el único al que conseguían someter, pero eso es otra historia), en permanente estado de exaltación y rendido, porque no escribirlo, a su sexualidad, que alimentaba la suya con un vigor inusual. O esa decía él. 

Oír a Emilio aquel día, cuando descosió sus labios, sellados por su caballerosidad innata, y bajó la guardia, mecido por el alcohol y la música…,  y al declinar del día, y para mi sorpresa, se tornó mas locuaz de lo habitual, …… mientras se dejaba acunar por el rumor de las confidencias, ………fue singular. Pocas veces me ha sido dado oír a un hombre hablar con tanto respeto y tanta pasión sobre su relación no con una, sino con dos mujeres. Musitaba lo que, en otras circunstancias, hubiera parecido una plegaria. Lo que, probablemente, para él era una oración, pagana, procaz .. pero oración, al fin y al cabo. Infieles las dos por naturaleza, leales solo a ratos, tal y como se desprendía de su historia, las adjetivaba con devoción. Una pantera lúbrica, decía. Incapaz de sujetar su naturaleza en ningún caso. ¿Para qué? Capaz de devorar, y me estás entendiendo perfectamente, todo lo que cayera a su alcance. Sexo y solo sexo. Un misterio, añadía. Una belleza morena que escondía tesoros sin descubrir, terrenos por explorar, bajo un aire lánguido de chica moderna. Que invitaba, sin palabras, a sobrepasar todos los limites. Que hacía de su aparente indiferencia un polo magnético para todo lo prohibido. Y no sabías de cual de ellas hablaba. O si lo hacía de las dos y mezclaba recuerdos como el que agita hielo en un vaso de whisky, antes de apurar los sorbos.

Había leído por entonces, recién publicado, el libro de Antonio Colinas, “Sepulcro en Tarquinia” e impresionado por el poema central, se lanzó a la aventura de escribir algo similar. Cabe decir que, para entonces, por una u otra razón, ambas mujeres habían puesto cierta distancia con Emilio. Permanecían en su vida, pero no estaban con él. Bebían otros labios, frecuentaban otras camas, fieles a su naturaleza infiel, y mi amigo asistía, mentiría si dijera que impasible, como espectador privilegiado, a lo que todavía eran. Situacion que ellas abonaban con particular saña, pues a pesar de todo, ninguna renunciaba plenamente a él, y, para sorpresa de todos, tenían celos la una de la otra como solo algunas hembras son capaces de tener. Algo que le producía, por igual, dolor y anhelo. El atractivo glorioso de lo perdido, la esperanza de un imposible.

Remató su poema. Autocrítico por hábito, por una vez pensó que había escrito algo que podía darse a leer. Un poema digno, de ritmo pausado pero armónico, lleno de emoción, con un tono melancólico que casaba perfectamente con su propósito y con su estado de ánimo, algo doliente pero esperanzado.

Nunca nadie lo pudo leer, salvo una de ellas. Debilidad, probablemente. Solo una de ellas supo donde se guardaba el único original que Emilio tenía. Y solo ella pudo descifrar que, a lo mejor, solo a lo mejor, era la otra la real destinataria del poema.

Años mas tarde, cuando las cicatrices eran solo un tenue recuerdo, Emilio volvió sobre el poema. Para descubrir que no estaba donde debía estar. Que alguien lo había hecho desaparecer. Solo una de ellas pudo hacerlo.

Como por casualidad, he encontrado entre los papeles de Emilio un manuscrito que, sin duda, perteneció al poema. Un fragmento …. salvado de los celos.

 

……………..

Está en el dulce aroma de la tarde
tu presencia.
Tu reclinada silueta
se dibuja entre los troncos de los pinos.
Hay un rumor de gaviotas en tus manos,
un escalofrío como de arpas en tus dientes,
un bramido de mar que vaga entre tus sombras.
El algodón tembloroso de la túnica
que baña tu cintura,
que rodea tus hombros, se agita.
Prisionero del viento,
se ciñe a tu contorno.
Has llegado.
El gesto altivo,
mordiéndome en los labios,
atezada la piel,
escasa la cintura,
negros los ojos,
amor mío… toda la vida
pendiente de tus deseos,
todos lo sueños
llorando en tus pestañas.
…….

De «Frente a Vosotros».    

                                                                 Inédito

 

Frente a vosotros (Poema XXVI)

Amo estos días,
la aventura infinita que cobijan,
el cuchillo gris del desencanto
y la esperanza que aliento y atesoran.

Gozo las señas de identidad
que aun persigo,
las leves referencias geográficas
que mi cuerpo vincula con su origen;
bebo los cálidos alientos
de la tierra que quiero,
intuyo el sabor del mar entre mis labios
y el espejo de las nubes imposibles.

Buceo en las horas con pasión,
encadenándome a su curso,
expectante y temeroso;
recorto la espera,
galopando sobre el tiempo sin montura
ni resuello.

Devoro las uvas del futuro,
las eternas cerezas de la risa,
las agridulces ciruelas de mi llanto,
las naranjas doradas de los sueños,
elegidas con precisa indecisión.

Adivino la soledad, las pieles fugitivas,
los ojos lejanos,
los adioses;
siento una y mil veces la ternura,
voluntariamente ajeno
a su posterior dolor inevitable.

Vivo, ¡al fin!,
estos días prestados
con la avidez y anhelos necesarios.

 

De «Frente a Vosotros».    

                                                                 Inédito