Poema sin titulo

Mírale bien, tú, que aún conservas
alguna imagen de su infancia.
Mírale bien y no dictes sentencia
precipitadamente.
Hay algo mas que tiempo dormido
decorando su rostro.

Si tu recuerdo es vivo
echarás en falta muchas cosas.
Aquel brillo encendido entre los labios,
una frente perennemente limpia,
una sonrisa saltándole en los ojos
y el eterno alboroto de sus rizos.

Contrasta su actual silencio
con las ágiles palabras de antaño
y la que fuera alegría entre sus dedos.

Todo quedó sacrificado en el altar
de ella. Si logras escucharle
te dirá:              “Nunca le des todo
lo que tengas. Resérvate un cobijo
donde llorar en soledad su adiós”

                                                   Leiden
                                                   24/5/1984
                                                   San Just Desvern
                                                   28/6/2019

Acecha el desamparo…

Acecha el desamparo de la historia
a los temidos guerreros.

Ni las bellas armaduras
ni las terribles tizonas
alivian su tristeza.
No hay refugio
tras de las cotas de malla
ni en los altivos yelmos.

Un viento de terror vagabundea
entre los campamentos

Se engrasan las ballestas
y piafan los caballos,
entre jadeos.
Se acerca la batalla
y el fulgor de mil hogueras
resuena por los valles.

Cuando los hombres se asoman
a la soledad y el miedo…
se declaran la guerra.

Mejor que la angustia y el pavor,
el fragor y los estertores del combate

                                                Barcelona
                                                22/11/1983

Para que yo respire

Para que yo respire
fue preciso un largo grito,
surgido del vientre de la noche
y del vivo paisaje de dos pieles
acopladas, socavándose
aferradas a un instante

De su estertor agónico y gigante
no soy mas que un residuo,
un nocturno corazón desalentado
que trata en vano de olvidar
la turbia ceniza cotidiana
y la sorpresa de estar vivo

Y eso no es todo. Un trazo
de efímera luz entre los huesos
de un universo confuso e irritado,
trazando caminos,
pregonando insanias,
sobre los escombros humeantes de una raza.

 

                                                             Barcelona
                                                             4/2/1983

Nausícaa

Preside la tarde interminable
una lenta mirada de los dioses.

En torno a la ciudad abandonada
teje la yedra un muro de fatigas
y el silencio
tañe, solemne, su mágica campana.

Sobre un fragmento de cristal
yacen los sueños.

Al amparo del cerro solitario
en el puerto cálido y oscuro,
Nausícaa
ofrece su adiós al último guerrero.

                           

                                        Barcelona
                                        20/11/1983

Mar en el mar. (II) y (III)

II.-

Sirena.
De escamas ocres
y gestos infinitos.
Ahuecas
tu vientre deseado
bajo el hálito del viento.

Tu suave gemido,
su música de algas
y corales
me encalla
en tu playa indómita
y sin respuestas.

 

 

III.-

Ruge el mar,
más por nostalgia
que su fiel enojo,
acallando mi voz
y muchas otras voces.

Rompe en la costa
el vértigo profundo y sabio de la ola,
para acabar lamiendo
la playa nacarina de tus senos,
hija del mar.

Se arremolina la sal
entre mis ojos,
mientras te busco, en vano,
a contraluz
y contra el tiempo.

Permitidme rescatar este viejo poema.
A modo de feliz aniversario.

 

Quiero morir
con una sonrisa entre los labios
como sí­mbolo y resumen de mi vida.

Antes he de pintar mis ojos
con el azul profundo que robo a las estrellas
y llenarlos con la luz
de noches con mil lunas.

Adornaré ese día mi vientre
con el recuerdo y el perfume
de otros vientres,
con el dibujo invisible que otras pieles
tatuaron en mi piel

Regalaré la vida que me quede
a los cuatro chavales que gritan en mi calle.
Solo será de ellos.
Me giraré para buscaros
un instante
y sonreír de nuevo,
como cuando erais niñas.

Me vestiré de algodón
de color blanco.
Me sentaré descalzo
en el sillón que habré escogido
como ultimo refugio.

Tendré las manos llenas
con historias
que no voy a contar.
Y cantaré despacio la balada
que aprendí­ de tus labios

Quiero morir tranquilo,
parpadear apenas, dormirme lentamente,
sin darle siquiera
una oportunidad al miedo.

Barcelona
5/7/1983

Poemas mellizos

Escribo mis canciones de amor
en tus paredes vacías,
en tus desiertos líquidos,
en recovecos que azotan mi memoria.

Me acuesto en los rincones
más oscuros, me tiendo,
dormito
y descubro desazones
en pequeñas claridades
teñidas de alientos y latidos.

Camino por callejas grises,
tuerzo esquinas
carentes de sentido,
sumerjo mi gesto
entre los guiños y las dudas
que pueblan los semblantes.

Palpito levemente al encontrarte,
escucho un golpe seco, una esperanza
y
te canto.

Escribo entonces
mis canciones de amor,
acompasando ritmo y desencanto,
en tus paredes vacías.

———————————–

Escribo mis poemas de amor en tus paredes vacías,
durante noches insomnes y eternas,
entre las brumas ardientes de la negrura que no cesa,
entre la desesperanza y el miedo,
anhelando el amanecer que nunca llega.

Escribo compulsivamente, entre la risa y el llanto,
intentando comprender algunos días
que permanecen siempre en mi recuerdo,
buscando sin cesar una respuesta
a tanta soledad como atesoran mis huesos.

Escribo para escapar de ti, de la locura que supones,
sobre páginas blancas que me ahogan
inmisericordemente,
como la espuma incesante de las olas
golpea al náufrago indefenso,
como el humo que anega los pulmones.

Escribo poemas que nunca finalizo
porque me vence la noche
porque no logro expresar lo que de verdad pretendo
siempre atenazado por el miedo.
Y porque sé que, finalmente,
acabarán ornando tus paredes vacías.

 

Sofuentes

 

A la memoria de
Emilio Almárcegui
mi abuelo,
raíz libre,
viento de lealtad

I
Todo es evocación en la penumbra
mientras intenta adormecerme el vino
y se disipa la bruma
en el opaco fondo de mis ojos.
Nunca hubo origen sin memoria.
Busco por ello mis raíces
sentado entre las sombras…
y encuentro
un racimo de huellas y silencios.

II
El sol en el ocaso
dibuja una leyenda
contra los muros familiares
de la vieja casa.
En ella está el origen.
Erguida, ruidosa, plena, desbordada…
la vieja casa….
su azul antiguo atrapado en las ventanas,
su silueta de escorzo,
contrafuerte violento de cierzos y tormentas,
derivas de luz y de Moncayo,
centinela de huebras infinitas.
¡Qué hizo el tiempo de ti…
trinchera destrozada..!
¡Hasta donde mordieron tus cimientos..!
Entre tus adoradas piedras,
clavadas en la roca sillar donde nacieron,
entre sus húmedas cuadras de adobe y de madera,
prisión abierta de cueros y sudores,
cabe tu palomar, tapizado de leños
y de arrullos, bajo tus falsas…
araño mis recuerdos,
socavo la tierra buscando mi principio.
¡Devolvedme la casa,
mi casa vieja…
el ultimo bastión
que me quedaba!

III
Deslizo hacia las cimas lejanas
mis añorantes ojos,
su tibia desazón encadenada…
Sierras de Peña, Bárdenas Reales,
Valdeoscura… El Saso,
tierra hermosa y engañada.
Regalo al viento otros recuerdos…
(si Galipienzo se cae
a Cáseda reventara),
sembrados en los campos de La Plana,
entre almendros y viñedos
o sueño con Carcastillo,
camino de Santa Cara.
De noche….
luceros de acariciante escarcha
y toda la nostalgia subyugada
del inalcanzable Ujué,
faro perenne sobre horizontes pétreos,
sobre oscuros mares de boj y de retama,
diminuto visionario en mi letargo,
agazapado tras la alborada montañosa,
ventana abierta al aullido de los lobos.

IV
Al amor de los recuerdos infantiles
hombre bueno,
hombre silenciosos y prudente,
infatigable artesano de la vida….
nacen de nuevo el Reverte y la Corbata,
tus galgos de leyenda
como renace el relincho de tus yeguas
atronando los campos
que regaste de lágrimas y risa,
retumbando en la viña que iluminó la mesa de los tuyos,
y sus secretas cepas de pámpanos desnudos.
Un turbio nubarrón embravecido
sacude tu huerta
y el pozo donde pudiste acabar un día
aquel atardecer sombrío.
Recreo tu gesto..
cuya noble fatiga ensimismada
no logra encubrir
la fuerza gentil de tus ojos verdes.
Y añoro el beso aquél,
el postrer beso que me diste en vida.

V
Clavados en mis ojos
los cipreses
tras de la tapia azotada por los días,
guerreros asidos
a tu seca tierra centenaria,
amortajando tu ultima sonrisa.
Vigilas desde allí los horizontes
del trigo
que brota en los campos que siempre serán tuyos,
el agua que juega en las acequias,
las higueras…
mientras lloras, lentamente,
por tus hijos.

VI
¡Qué difícil dibujarte con palabras!
A veces coraje, otras estigma,
repentino relámpago inclemente
de una raza inextinguible y extinguida.
Un seco latigazo de tus dientes…
hiere como el cuchillo de las trillas.
Endurecida por el tiempo,
indestructible, terca, incólume,
al calor de las imágenes borrosas
tu obra se perfila.
Hermana, madre, esposa…
nunca sé si amarte o maldecirte,
siempre perenne una duda..
Sin ti, sin tu presencia en nuestra vida
¿cómo hubiéramos escrito nuestra historia?

VII
Frazadas tibias,
hurtándole mi piel al frío,
mientras gime el viento entre los chopos
Y la tiniebla estrellada galopa entre las tejas,
mientras añoro el mágico relato de tus labios,
que no llega porque tu, mi padre,
estás muy lejos.
Y no encuentra mi soledad refugio
bajo los encalados techos
surcados de vigas y de sombras.
Encaramado en la ventana de la falsa
oteo, aguardo la luz que nunca llega
por la curva que serpentea desde Sádaba,
mientras llorece el canto de los grillos
y la brisa hace oscilar
la luz en una esquina, solitaria.

VIII
Hay un puñado de duendes
bailando entre los caños de la fuente
y el liquen de sus piedras verdes,
milenarias, a la sombra
de la lejana cruz de roca.
Un regato casi seco
recorre… (tiempo traidor
ya no me engañes) recorría la arboleda
que orillaba el “Huerto de los frailes”.
Y ahora,
¿dónde están los chopos altos
de la arboleda eterna y leve,
que cantara el sol de agosto,
que el cierzo trató en vano
de cortar año tras año?.
Ya no ruge el viento
en la noche de estrellas infinitas,
en la Vía Láctea
ornada por sus collares totales,
porque las ramas altas
se pudren en un aserradero anónimo.
Perdió la noche su canción
de murmullos, sus brujas familiares
e ignoradas. Se fue la aurora
que amanecía, intachable y repentina,
entre las ramas,
suspendidas de algodones
empapados de violeta.
Ya no están los chopos.
El cierzo, que no pudo derrotarlos,
barrió sus hojas, tristes,
y solo los tocones impasibles
testifican su presencia.

IX
Queda un rumor
de críos y pedradas,
nidos de golondrinas y tractores,
mieses, botijos y alfalfas.
Una caterva de frutos escindidos
llorando, solitarios,
tras las ramas….
a la sombra de un tronco milenario
… una eterna familia…. desgajada.

X
Sentado aquí, recuerdo.
en la solemne penumbra de febrero
que siempre me cobija;
gotean, levemente,
los segundos, tras la niebla,
mientras crujen mis dientes
y se humedece el fondo de mis ojos.
Se deslizan, danzando,
los adjetivos y los días,
increpándome, mientras
los nombres, tomados muchas veces al azar,
sorprenden los violentos sorbos de una historia.
Al fin, adormecido,
solo el vino defiende mi memoria.

Mar en el mar. (I)

“………….e cantare,
lontan lontano eternamente il mare”
[Giovanni Pascoli –Poemi conviviali (1904),
L’ultimo viaggio.

I.-

Siembra la proa de mi barca
cordilleras.
Cantan mis redes,
pero tu vacías el océano
para escapar impune.

Duermen los remos, confiados,
y esculpen en mis lonas,
en mi mástil tránsfuga,
el arpegio
de una ola guerrillera.

Silba tu nombre
entre otras olas
y mi timón gime
por tu ausencia.
Ni siquiera la brisa
puede atraparte ahora.

 

Los poemas de “Mar en el mar”
fueron abocetados en el verano de 1982.
Notas apresuradas tomadas en L’Ametlla de Mar,
Sant Salvador, Cadaqués y Arenys de Mar.
Durante tiempo durmieron en un estante.
1985 fue el primero de unos años menos malos.
En Julio, cuando empezó a quedar atrás
el tiempo de las traiciones y las rupturas,
de la depresión y el miedo, recuperé las notas,
los rehice en parte y los completé.
Tras “La Odisea”, tras Homero,
no hay palabras para cantar todo lo que el mar es,
pero, fruto de la osadía, lo pretendí.

El tiempo entre tus dedos

Un diapasón que vibra, amortiguado,
sobre la blanca sábana de un sueño.
El tiempo se detiene y vuela..
y vuela y se detiene …
Y tu juegas con él entre los dedos.

Un eslabón perdido, una quimera
cuando mis ojos sondan tus entrañas
rastreando un vellocino ardiendo.
Te vistes de escamas impermeables
Y lloras, y ríes, y gritas en silencio.

Todo se agita y cobra su sentido.
Todo es azar, y se estremece,
entonces, todo mi esqueleto
y tiembla el tuétano del mundo,
y se tiñen de tristeza mis anhelos.

Qué sutil tu lenguaje cuando mientes,
o mejor, cuando intentas defenderte.
Mi corazón…… entonces…..
un pobre diapasón amortiguado
sobre la blanca sábana de un sueño.

Y el tiempo cristaliza entre tus dedos.

Junio 2018