Como un disparo…

Suena el adiós como un disparo.
Y te veo partir.

Necesitas irte…. ya nada te retiene a mi costado,
………porque todo te hiere,
aunque las caricias se presuman dulces
y los embates estén llenos de ternura.

Te vas … es tu momento para desaparecer,
como en un fundido a negro,
sin mas razón que un “porque sí” austero y seco.

Aquella noche aciaga, llegaste enfurecida….
con una despedida, como la bala de un revolver,
amartillada en tus labios.
Y el adiós sonó como un disparo.

El rito ancestral de desunirse, sacerdotisa impura,
se apoderó de todo lo que pudimos ser.
Ya y para siempre.

Vivimos juntos horas gloriosas, memorables instantes,
mientras la noche resbalaba entre tus muslos
y mis manos se llenaban de goces infinitos.

¿Donde han quedado los radiantes días que tus ojos prometían,
donde los besos que llevaban
tan solo mi inicial entre tus labios?

¿Quien bebe el néctar de tu sexo,
quien galopa tu vientre,
quien, por demás, bebe los filtros que tu cuerpo destila,
quien naufraga en tu hechizo, sibila impúdica?

Y, noche tras noche, amanecer tras otro,
por mas que beba en el recuerdo,
que busque en el origen, que reinterprete la historia
¿donde queda el sedimento postrero
ese que da sentido al día que está por llegar,
qué traduce lo vivido?

La vida, sin ti, es un lugar inhóspito y extraño.