El “gordo” Muñoz

Un grupo de los mas heterogéneo. Auténtico material de aluvión. De padres llegados desde los mas variados orígenes, muchos de ellos hijos, a su vez, de historias sorprendentes. Otro día os contaré alguna.

Todavía hoy, sin nos reuniéramos, podríamos recitar de memoria la lista de clase. La cantinela con la que se verificaba nuestra asistencia, corroborada con el inevitable “”presente”¡ Otros tiempos. Alonso, Andreo, Arizu, Bastida, Cañada, Condado….

Salvo un par o tres de excepciones (el hijo del guarda de la fábrica, el vecino de Sant Boi, …) todos vivíamos en aquel bendito barrio, un oasis justo en la frontera donde la ciudad perdía su nombre, Candel dixit. Dapena, Domínguez, Espín, Esquivel, Fernández, Fructuoso….

Un colegio diferente a todo lo que nos rodeaba y que supuso un verdadero privilegio nos reunió en un grupo realmente especial. Una generación irrepetible. Éramos de todo. Incluso cuando nos lo proponíamos, una pandilla algo canalla. Pero no éramos mala gente. Gómez, Guerrero, López, Llopart, Moreno, Muñoz…

Muñoz era gordito. Vivía en las casitas blancas. Aún me parece verlo. Jersey de un amarillo desvaído, pantalones oscuros de color indefinible. Guardo esa imagen. No sé por qué. Voluntarioso. Con unas ganas locas de agradar. Con un afán portentoso de intentar hacerlo todo bien. En clase y en el patio. Sobre todo, en el patio. Donde el saber controlar una pelota, ser capaz de dar un salto mortal o dominar potro y plinto te conferían automáticamente un aura de respeto. Noel, Pérez, Pico, Prieto, Rallo y Román.

Respeto que, a pesar de sus esfuerzos, él no lograba. Porque era gordito y eso lo hacía algo torpe. Voluntarioso pero torpe. Y en muchas ocasiones, blanco de las burlas de muchos de nosotros. Ya sabéis como funcionan los grupos de tíos solos a los 12 y a los 13 años. Sin saberlo, sin pretenderlo…. acabamos siendo auténticos precursores de lo que hoy es una lacra en muchas escuelas. Al menos con él.

No lo hemos vuelto a ver. Y escribo en plural porque las veces en que nos hemos reunidos, nadie ha sabido dar razón de él. O al menos esa es la versión que se me ha dado. Se lo ha tragado la tierra. No es al único, porque creo que de Miguelín tampoco se sabe nada, o yo no sé nada, sin que pueda en este caso intuir la razón. Pero en el caso de Muñoz no me extraña. No es posible que guarde buen recuerdo de aquella pandilla de desatinados que no debimos de tratarlo precisamente bien. 

Lo siento Muñoz. De verdad que lo siento. Estés donde estés, perdóname. Bueno, …perdónanos. 

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